Pensar es un proceso mental que se construye con imágenes y con palabras. Las imágenes, como si estuvieran preñadas de palabras, son condensaciones de significado. Pensar es dialogar con otros o internamente con nosotros mismos. Al pensar hay un trasvase constante entre imágenes y palabras en todas las direcciones.
Pero en el pensar también intervienen la música y el gesto. La mitad de una palabra es música. La música hace que la palabra exprese más de lo que es. La música está hecha de sonidos significativos que se parecen más a las imágenes que a las palabras. El gesto es danza. El cuerpo es puro gesto. Cuando escribimos, tocamos la guitarra o nos atamos los cordones de los zapatos, la mano piensa. El cuerpo entero es pensante. Hay un trasvase constante entre pensamiento y corporalidad en todos los niveles.
Si verbalizamos pensamientos, si los volcamos a palabras, hacemos filosofía; cuando los volcamos a imágenes, hacemos arte. De la misma forma, volcados a sonidos, hacen música y a cuerpos en movimiento, danza. En la danza creativa de la vida permanentemente se entremezclan y (re)combinan imágenes, palabras, música y cuerpos.
Para Nietzsche, la imagen, la escena, la vida emerge de la música. La música es el caldo primitivo, la pulsación elemental. Me pregunto si en el caso del cine ocurre lo contrario, si la música se aplica en general como un complemento ilustrativo de la imagen, como un fondo sonoro que ayuda a resaltar o colorear la escena. Actualmente nos caracteriza un impulso irrefrenable por convertir (transducir) imágenes a palabras; es decir, por contarlo todo. El relato se impone. De ahí, por ejemplo, la posición dominante del relato curatorial en el arte contemporáneo. El comisario de arte es ahora el protagonista.
Contar es como contabilizar, dejar constancia fehaciente del acontecimiento. Las redes sociales y los selfies son una prueba de ello. Aunque estamos inmersos en una potente cultura visual contemporánea, la mayoría de las imágenes con las que convivimos están despojadas de su valor evocativo, que ha sido sustituido por una función persuasiva, propia de la publicidad y otras mañas manipulativas. Son imágenes imperativas, órdenes: ¡haz esto! ¡no hagas eso! Para el sistema tecnócrata ante todo somos consumidores, una masa global de usuarios que puede ser controlada y manipulada gracias al bigdata, un nuevo poder mundial privado y monopolista.
Volviendo al tema, un pensamiento creativo es en su origen un destello interno, un tipo de visón directa a la que asistimos como invitados de primera fila, algo que se produce sin apenas intervención alguna por nuestra parte. Lo que este destello inicia es el despliegue de una manifestación combinada (verbal-visual-sonora-corporal) donde las palabras enuncian, las imágenes evocan, la música teje y la danza fluye.

