Comprensión sentida es el tipo de conocimiento que está en la base del asesoramiento filosófico sapiencial. Se trata de un conocimiento práctico, que renuncia expresamente a la vertiente más especulativa y teórica de la filosofía académica, para centrarse en los aspectos vivenciales, en la filosofía de vida.
A diario nos enfrentamos a situaciones para las que tiramos de respuestas aprendidas, soluciones interpuestas que hemos leído o alguien nos ha contado, pero que no tenemos integradas. Son respuestas teóricas, incompletas, que incluso en el supuesto de que fueran correctas son inoperantes, ya que funcionan sólo a nivel de idea adecuada (’lo que debería hacer) o aproximación analítica (’lo que parece lógico que haga’). Así, puede ocurrir que mientras asumimos una posición aparentemente razonable, actuamos a la contra; presuponemos cómo deberían ser las cosas, pero sentimos que algo en nosotros nos empuja decididamente, incluso en contra de nuestra voluntad, en la dirección opuesta: pienso una cosa y hago otra.
La encrucijada en que se resuelve este desencaje teórico-operativo se llama comprensión sentida. Si bien es cierto que la filosofía, en su versión más práctica, aporta elementos muy valiosos para orientarnos hacia una vida plena, estos elementos no pueden ser exclusivamente formales, han de ser encarnados y estar presentes. Para llegar a esa comprensión sentida hay que mirar, ver y separar con claridad lo que está operando en nuestra vida de lo que simplemente es una construcción teórica o cierta “pose” asumida (por algún motivo ‘razonable’).
Muchas veces nos creemos lo que nos cuentan, que sólo conocemos teóricamente, como si lo hubiéramos experimentado por nosotros mismos. Perdemos mucha energía buscando fórmulas y recetas, en el anhelo de dar por fin con la solución definitiva –una nueva cada vez, paradójicamente– o con la idea obsesiva de que todo requiere una justificación. Perdemos mucho tiempo en este tipo de ilusiones prescindibles.
Querer convertir en operativo un principio que tan sólo hemos asumido teóricamente, es desconectarse de toda realidad y veracidad, proyectarse al vacío y vivirse ficticiamente como imagen, apariencia o representación en un plano subalterno. Es pretender hacer pasar un procedimiento y su descripción por la realidad misma a la que remite. Desde ‘lo que debería ser’ no hay forma alguna de ‘aterrizar’.

