Comprender es comprender el sentido profundo que algo o alguien tiene para mí. En la comprensión del mundo, de la vida, de los demás y de uno mismo está la llave. Cuando comprendemos descansamos confiados sobre lo comprendido. Cuando comprendemos cesa la insistencia por conseguir esto o lo otro, es como si firmáramos la paz. Cuando no hay paz hay queja, inquietud, miedo, intransigencia, guerra... En definitiva: malestar, insatisfacción, sufrimiento.

El sufrimiento nace de la ignorancia y la ignorancia es basicamente incomprensión, así que cuando se comprende cesa el sufrimiento. La comprensión es posible porque el mundo, la vida, los demás y uno mismo de alguna manera respondemos a un orden: un mismo y único orden/desorden. Comprender es posible porque todo va hacia un mismo punto, responde al mismo impulso. Podriamos decir entonces, siguiendo a Spinoza, que todo tiende hacia su propio bien o pleno desenvolvimiento. Pero lo interesante es que sea lo que quiera que sea ese bien al que la vida me empuja, en su fondo no puede ser distinto al tuyo. Más allá de distinciones culturas, posición social, sensibilidad política o religión, camina todo junto en pos de la expresión de un mismo horizonte indeterminado de posibilidades.

Me preguntas: ¿qué sentido tiene la vida? y te digo que el sentido último de todo sentido es sentir, sin más.

Experimentamos sensaciones físicas, emocionales, mentales, espirituales... pero si lo sentimos es porque disponemos de un sentir que incluye a todos esos sentires, alguna especie de sentir del sentir. Un sentir que se repliega sobre sí mismo y se completa sin necesidad de continuar ad infinitum en busca del sentido definitivo.

Ahora bien, ¿sentir es engañoso? Habitamos sobre un plano inestable de subjetividad, entre corrientes de sensaciones frágiles y un espacio mental impreciso poblado de reflejos, ecos, espejismos y fantasías donde engendramos, entre otras ilusiones, la de una verdad objetiva dada o la de una futura certidumbre conquistable.

Pero cuando sentir y comprender dialogan conscientemente, aparece la comprensión sentida. La comprensión sentida es el tipo de experiencia de conocimiento que está en la base de la filosofía sapiencial. Lo que el filósofo asesor y el consultante necesariamente comparten en una sesión de AF es la comprensión sentida, que es acción más que pensamiento. Nada se puede transformar sin comprenderlo, comprender es iluminar. El maestro solía decirnos al respecto que cuando se entra en una habitación oscura no hace falta ofuscarse en querer sacar la oscuridad del cuarto, basta con encender la luz.

Para el asesor acompañar en ese proceso de poner luz es un arte y una forma de compasión, de tomar al otro en consideración y ponerse en su lugar, lo que los griegos clásicos entendían como virtud cívica. Por cierto, a la carencia de dicha virtud se la conocía como idiotez.


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sentir y comprender: el conocimiento de lo inmediato

«Cuando sentir y comprender dialogan conscientemente, surge la comprensión sentida»


FERNANDO MASEDA

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